Longji Rice Terraces

By April 15, 2014China, Travel

En el primer día de visita por la zona de Guilin, quedamos con nuestra guía Li a las 8.30 am. La noche anterior habíamos decidido contratar el desayuno porque no lo teníamos incluido. Gran acierto porque si no no se qué habríamos desayunado! El desayuno del Shangri La estaba bien pero para el hotelazo que era dejaba un poco que desear. Como es habitual la gente fue llegando poco a poco y más o menos estuvimos todos listos a nuestra hora pero al final salimos a las 8.45. El tiempo estaba regulero así que habiendo aprendido de nuestra estancia en los otros hoteles, pedimos en recepción unos paraguas.

En menos de dos horitas en fugoneta, a las 10.30 llegamos a nuestro destino, las terrazas de arroz de Longji. Primero hicimos una parada técnica para ir al baño. Teóricamente desde allí normalmente no te dejaban ir con tu propio transporte y había que unirse a algún otro grupo, pero Li, que tiene sus contactos consiguió que pudieramos usar nuestra furgoneta. Ahí también decidimos qué parte queríamos ver. Las terrazas de Longji se podían visitar en diferentes zonas, todas muy bien preparadas para el turismo. De entre las 3 opciones que nos dio a elegir Li decidimos arriesgarnos a por una en la que según le habían contado a Li era la que más bonita estaba en ese momento aunque ella nunca había estado allí.

Después del uso del apestoso aseo y ver un puestecito donde te vendían bolsitas de hormigas, nos volvimos a montar en la furgoneta durante unos 10 o 15 minutos más hasta un punto donde había un mirador de las terrazas y desde donde ya no podía seguir avanzando el coche. Allí había un grupo enorme de chinos jóvenes, probablemente un colegio que parecía que iban a pasar la noche allí porque iban todos con maletas. Por supuesto nos hicieron muchas fotos “robadas”. Desde allí empezamos a subir por un carril cuesta arriba hacia el pueblecito. En el camino, Li conoció a una chica que nos ofrecía hacernos de comer en su casa-restaurante. Las terrazas eran bastante bonitas, aunque el tiempo no estaba genial para disfrutarlas plenamente, además, ya hemos visto muuuchas terrazas. Lo más impresionante era ver a las señoras mayores mayores trabajando la tierra como si nada. Al final Li tuvo que conseguirle un cochecito a mi padre porque se estaba cansando bastante.

A la llegada al pobladillo, fuimos directamente al restaurante a pedir la comida para que la fueran preparando. La carta por supuesto estaba todo en chino y no entendíamos nada. Marta dijo de broma que quería algo señalando a una de las cosas de la carta al azar, resultó que era ratón silvestre, una rata vamos y aunque al principio todo el mundo dijo oohh nooo… al final nos animamos todos y la pedimos. También pedimos una sopa de pollo, arroz al bambú y otras cosas todo recomendado por Li.

Una vez encargada la comida nos fuimos a visitar la casa más vieja del poblado. El poblado era súper pequeño y la gente súper amable. Están muy acostumbrados a los turistas además de que son una fuente de ingresos considerable. En la casa nos atendió una señora de 81 años muy amable y cariñosa que se dejaba hacer fotos y que se lo pasó estupendamente con nosotros. La gente del lugar son Zhuang que es una de las minorías de China con un dialecto propio. A pesar del turismo siguen teniendo sus costumbres y tradiciones y fue todo muy curioso.

Después de la visitilla a la casa nos fuimos a comer. Estaba todo riquísimo. La sopa de pollo (un pollo que tal cual lo habían cogido del corral y lo habían matado para la sopa) estaba rica aunque tampoco nada del otro mundo. El ratón que sabía a conejo estaba bien. Lo que más nos gustó fue el arroz en caña de bambú. Básicamente consistía en coger un bambú y abrirle un extremo para rellenarlo de arroz, especias, un poco de carne y agua. Después tapaban el agujero con el final de una mazorca de maíz y lo ponían al fuego de leña. Al invento se le dejaba un parte a modo de asa y había que estar constantemente pasándolo por agua para que no se rajara. Además de todo eso también comimos tofu, brotes de bambú con huevo y carne ahumada típica del lugar. Todo un festín que costó unos 500 yuanes (50 pounds) para 8 personas.

Devoramos la comida y alrededor de las 14.00 nos fuimos a dar un paseíto por otro pueblecito que estaba muy cerquita. La verdad es que estos pueblitos eran muy chulos y además con el tiempo que hacía como con neblina tenían un encanto especial. Para llegar al pueblecito, que estaba sólo a unos 5 minutos andando (realmente parecía otra parte del pueblo) había que bajar el monte por un caminito muy estrechito. Papá decidió volver por el otro lado al punto de partida donde teníamos el coche esperándonos. Justo cuando empezamos la vuelta hacia ese punto se puso a lloviznar un poquito así que tuvimos mucha suerte de que no nos cayera encima.

De vuelta al parking lot, recogimos a mi padre el cual estuvo a punto de comprarse una piedra y nos fuimos de vuelta a Guilin. Salimos a las 15.30 y tardamos un par de horas. Allí entramos con el coche hasta el centro y nos dejaron cerca del río. Primero entramos en el Sheraton que tenía muy buena pinta y pensé que habría sido genial quedarse en ese hotel porque tenía una localización perfecta. La family quería comprar unas perlitas así que Li nos llevó a una tienda que estaba justo al lado del hotel donde vendían perlas y otras joyas. Nos reímos mucho con la china tratando primero de ligar conmigo y cuando se enteró que estaba casado con Agata intentando que le comprara a mi mujer un anillo que le gustó. Mamá, Marta y Pablo compraron cositas, yo me aburrí al final y me desesperé un poco. Al lado de la joyería había un backpackers y de pronto me pude imaginar que estaba allí con Agata haciendo un viaje tipo mochileros. Entramos y preguntamos cuanto costaba la habitación (150 Yuanes) y estuvimos informándonos de las posibles excursiones como si de verdad estuviéramos backpacking.

Cuando por fin terminaron de comprar las perlas nos dimos tiempo libre para dar un paseo por la calle peatonal que empezaba justo ahí al lado. Eran las 18.15 y quedamos a las 19.05. Yo me fui con Agata y nada más empezar el paseo vimos el típico Spa de pies que consiste en unas sillas con unas peceras donde metes los pies y hay unos pececillos que te pegan bocaditos. Conseguimos con la ayuda de google translate que nos dejara estar solo 10 minutos por menos dinero. Seguidamente y sin pausas nos fuimos a recorrer la calle para arriba y para abajo. Que chulada, un ambiente increíble, mucha gente, muchos puestos de comida extraña, muchas tiendas raras. Oh! Me habría quedado allí 3 horas! Y además tenía 0 de hambre así que aunque me apetecía probar todo, no podía probar bocado porque aún seguía súper lleno de la comida!

Volvimos al punto de encuentro y todo el mundo fue bastante puntual. Marta se había comprado unos pañuelitos de bambú y fuimos Agata y yo a ver corriendo para igual comprarle algo a su madre, pero al final no lo compramos porque es lo que siempre le acabamos comprando allá donde vamos.

De ahí, nos fuimos a la última actividad organizada. Un paseíto en barco por el río. Es una atracción turística y consiste en un paseíto de 1 hora en un barco con asientos y con una terracita alrededor del río que pasa por el centro de Guilin y cuyo principal interés son las réplicas de diferentes puentes (la mayoría en miniatura) de alrededor del mundo. Muy interesante también fue una demostración de la pesca con cormoranes. Una práctica muy antigua que consiste en usar cormoranes entrenados. Los cormoranes son unos grandes pescadores así que lo que hacen es llevarlos al río y les “obligan” a pescar pero antes le atan el pescuezo para que no se puedan tragar el pez de manera que al salir del agua se lo quitan. También vimos varias pagodas iluminadas y algún que otro espectáculo horterilla preparado para estos tours.

Durante el trayecto en barco nos estuvimos planteando qué hacer a continuación. Íbamos a terminar el crucerito a las 20.30 así que aún nos quedaba un poco de tiempo. Agata, Marta, David y yo estábamos pensando en quedarnos por allí dando una vueltecita, cenar algo y cogernos después un taxi al hotel. Pablo y los papus querían volverse pronto al hotel para disfrutar del Spa. Al final, Li buscó un plan intermedio y nos invitó a cenar unos noodles típicos del lugar riquísimos en un sitio que era en plan comida rápida. Te ponían los noodles en un bol con algunas cosas más y te comías una parte y después si querías le podías echar caldito de un recipiente grande que había al lado de la barra. Un altavoz iba de vez en cuando llamando a la gente para que recogiera su pedido.

Después de cenar Agata y yo compramos algunas porquerías en un mini supermarket y el coche nos llevó al hotel que resultó no estar tan lejos como pensábamos. Li nos había dicho que estaba a media hora, pero en realidad tardamos sólo 10 minutos.

En el hotel, nos fuimos al Spa pero nos desilusionó que después de buscarlos durante un buen rato nos dimos cuenta de que el jacuzzi y la sauna estaban dentro de los vestuarios y por tanto separados hombres de mujeres. Agata se metió en el suyo y yo en el mío. Estuve un rato solo esperando al papu y a Pablo y me estuve dando un bañito el jacuzzi. Al final llegó Pablo pero yo ya estaba un poco aburrido y me largué con Agata para el cuarto.

 

Suzhou
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